lunes, 23 de julio de 2007

Cuento sin motivo aparente

No sé si sea Baudelaire el que me tiene así o si simplemente es el exceso de televisión
Ayer tomé un afilador de cuchillos
y comencé a sacarle punta a varios cigarrillos a la vez.
Quedaron redonditos y filudos.
Crucé palmo a palmo el metro y me perdí en la lluvia santiaguina.
/La ciudad se ve mejor con un poco de humo/
Eras las cinco y algo, y prendí otro.
La punta del cigarro me cortaba los dedos...
/Una historia resulta compleja cuando no se tiene finalidad/
Se me enredaba la voz cada vez que pensaba en alguna palabra para decirte en el momento de encontrarte.
(La noche se había dormido conmigo despierto
Y siéndote sincero, no recuerdo cuantas me tomé.)

Pensaba en que te escribiría al llegar a la casa,
Pero no tenía cerca ninguna idea que se pueda expresar en palabras.
Un tipo, uno de esos ejecutivos (a los “ejecutivos”, los reconozco fácilmente. Son tipos de rostro mimetizado con la ciudad, algunos tienen cara de celular, otros de manos libres, rostros de “necesito un ascenso”, aunque éste en particular tenía cara de perro) se afirmaba de mi brazo y me pedía disculpas.
/La inteligencia murió conmigo cuando aprendí a hablar/
no sé cuantas veces bajé y subí de la estación, que para ser domingo se rebalsaba de gente.
Habían unos cuentos pegados a la pared
Todos en un orden muy establecido...
“presentación, desarrollo, clímax, conclusión”
pensaba en imitar alguno para cuando te regale esto
Mientras prendía otro, te vi, aún no llegaba donde tenía que llegar,
Pero ahí estabas
Corriendo conmigo, desapareciendo y retomando tu forma con el vapor nicotinoso que se despedía de mis labios
/Resulta difícil tejer una historia cuando tendría que haber un fin/
(parecía un espectro ese día)
se me abrió la visión, y apareciste entre las murallas
mientras afuera la lluvia se convertía en frío
se me cerraron los ojos y fui a caer a tu boca
/ La ciudad se ve mejor con un poco de humo /
Me estaba congelando cuando me afirmé a tu cintura.