martes, 26 de junio de 2007

Unos tipos


Llevaba veinte años en las mismas, cuando me descubrieron esos tipos. Llegaron con micrófonos, cámaras y ciertos olores, que a mi parecer resultaron más bien extraños. Decían ser enviados de no sé qué canal siniestro a cubrir el problema de no recuerdo qué cosa. Se sentaron en mi cama, mientras trataban a uno de mis hijos con una cierta complacencia. Más tarde noté que nos miraban con una lástima atroz. Mi mujer no hacía más que llorar ante esa luz que sacaba lo ojos de tanto fulgor. Los tipos me acariciaron el pelo, y le dejaron unas lucas a la María, se limpiaron las manos, contaron sus billetes y se fueron a ver a los vecinos. Prometieron, con un sonsonete ya muy practicado en sus escuelas, volver a sacarnos de dónde estábamos. Prometieron que nos harían “dignos”, que nos darían algo, (que tampoco recuerdo lo que era.) y que no nos preocupemos.

Tiempo después, ella se moría de pena y frío . La sacaron de mi lado otros tipos, al mismo tiempo que hacían su aparición más y más furgonetas como la de aquel día. Intentaron llevarme, yo me resistí, no abandonaría jamás a mis 15 hijos, que hora aullaban la partida de su madre.

jueves, 21 de junio de 2007

Carta a una señorita de La Pintana


Mientras se adorna esta hoja con una especie de caldillo violáceo, he decidido escribirte y contarte qué cresta fue lo que pasó.

Los pacos se lo llevaron todo, incluido el bolso azul donde guardaba los papelillos que pretendía regalarte para cuando nos casemos.Se lo llevaron todo, también a mí. No podían creer que el famoso “care `polvo” se dedicara a estas cosas también, y que su compañera, “la barby de cuneta” fuese su musa.

Le pasé la tarjetita para abrir la puerta a la vieja copuchenta de enfrente, (esa po’; la loca de lo perros) junto con esta nota empapada en chocolate. Le dije que un arcángel pasaría a verla pronto (espero haya comprendido la sutileza)...alcancé a rescatar un par de palomas y las metí en un sobre blanco, te las dejo para que te entrengas volando mientras yo no esté.

Es triste que no creyeran que el único pecado del “care’ polvo” era no saber los significados de ciertas palabras que ahora se fuman.

El Anillo


Hace algún tiempo cayó desde abajo a mis manos
Algo así como un anillo,
Espléndido metal adornado por mis dedos
Portentoso por sí mismo
Tenia la dicha y los aplausos de cuanto ser en él fijaba la vista;
Combinaba con todo:
Con ropas añejas, disfraces de engreído, short, algunas parcas lúgubres, hasta con el desnudo sereno.
¡Que felicidad aquel anillo!, forjado en la mirada misma de dios,
y tenía vida y cuento propio.
Recuerdo que las mujeres solían elevarse líbidamente ante mis ojos hechos chispa
y de mí abusaban
y yo abusaba de él.

Un día, o una noche hecha tal,
Me deje bañar por el alcohol precioso del cuerpo de una bella dama,
Oh, como olvidar sus caderas en celo
Y sus ojos pegados a los míos,
(como el demonio mismo cruzándose miradas con un ángel)
Fue un momento memorable
Del cual salían sin esfuerzo alguno,
poema tras poema,
Todos escritos con el ardiente licor de la carne que humea,
Y allí estaba mi anillo, en su alcoba descansando del infarto
Buscando esconderse del frío en las palmas de mis dedos,
Lo vi, lo tomé y fuimos a parar a una bañera sórdida pero cálida
Jamás vista por él
Ni por mí
Fue otra inyección letal de placer desenfrenado,
Regalados por los taciturnos labios de aquella meretriz con traje de dama
Y fue letal todo lo que después siguió.
El vapor lo oscureció todo,
Mi anillo fue oxidado de oeste a sur por algo llamado oro,
¡Qué calamidad, oro, oro, oro, sinónimo de qué!

Apresurado me deje llevar por el primer taxi que apareció
Y en una lluvia de esas que se recuerdan
Cogí un cuchillo de seda y me arranqué el dedo;
Y con él saltó furioso el anillo aquel.

He perdido un dedo y me cuesta escribir

miércoles, 20 de junio de 2007

Mal escritor


Cada vez que tomaba aquel maldito puñal, el pobre se martillaba las manos con la parte trasera de lápiz. Las hojas de aquel vetusto cuadernillo solían tristemente ser azotadas contra la pared. Aturdido, las esparcía apresuradamente, mientras le gorjeaban las palabras, y a ratos, ciertos temblores le atacaban la mano derecha.

El miserable ya no tenía cabello, y comía de todo cuanto le pediese servir para soltar alguna idea. Pero nada.

Así se pasaba tardes enteras en la copa de ciertos árboles, se tironeaba las orejas, tragaba sus uñas y vagaba por impensables sitios; poblaciones armadas, pubes rozas, iglesias sonrientes, y ciertas universidades. Pero nada. El miedo terrible de caminar con la sombra de un mal escritor lo tenían a punto de colgarse de una de sus letras y perderse en la mole tentadora que le ofrecía la sociedad de ese entonces.

Eran las 7.00 AM. Cuando sin quererlo se golpeó la sien con una idea realmente buena; era algo grande que ni él podía creer que se le hubiese ocurrido. Tomó el puñal, se limpió el sudor de la cara, bebió de su propia tinta, y depositó el vómito en la hoja.

Terminó con las manos ensangrentadas.

Viejito pascuero


El viejo pascuero vive en una de esas de color azul con blanco.

Se pasea por media ciudad sintiendo el “el bipeo” y el doble “bipeo” de los que se mueven en su carruaje:

-Súbanse no má’ cabros, -pero mijita, pa’ la otra paga...no se preocupe que para eso estamos...¡haber, díganmelo a la cara los chucha e’ su....!-.

Pese a su cara de buena gente, esa barriga abultada y su ya conocida barba blanca, increíblemente nadie lo reconoce.

Por las mañanas, antes partirse la espalda y perder un poco más de su cuadrado trasero, besa a su mujer mientras
ésta plancha. Camina un par de metros hasta la estación, y en toda la esquina se bebe un café con 3 de azúcar, acompañado con esas ricas sopaipas que fríe doña Estelita. Se soba las manos y toma las riendas del manubrio. Ya no hay música, objetos brillantes, ni fotos de la familia pegadas a su alrededor. Tan solo el terrible “bipeo” y los gritos de desesperación de aquellos seres sin alma que una vez más desparraman vituperios, goleando al suelo como vacas en celo.

La hora ha pasado más rápido de lo normal. Le alegra pensar que en cada vuelta, cuando se desocupa su animal traga-gente, tiene la completa autorización de encender uno de esos.

Ya es de noche y el viejo otra vez perdió la cuenta de los días.

domingo, 17 de junio de 2007

Camisa de fuerzas


Prepárenme la tumba con las más finas malezas
Y con las rosas menos pestilentes
Que dentro de poco me voy volando
A la muerte insegura


Abran las paredes de mi pequeño ataúd
Para que oree de mejor forma
El hedor dejado al respirar
/tan agitadamente


En un cementerio cerca de unos lápices
quiero mi entierro
con un golpe de estornudo revisen si es que aún
/no respiro


Apriétenme con fuerzas las orejas
corten con sutileza aquellas feroces raíces que forman

/mis pies
o mejor, agréguenme uno
quizás,
en algún momento necesite un tercer apoyo.


Vayan preparando al cura, a la monja
/y al monje
que me voy de piquero al
/sueño terroso

me voy como un clavadistabajo los 20 metros
/de mí mismo.


Alzaré la nariz para respirar de mis propias letras
Me hundiré en la fosa de la inconsecuencia
/bendita
pues la frente ya me lanza espasmos desacordes
el pulso toma autonomía propia
y el cuarto hemisferio a perdido su centro


Tanta golosina astral me eché a la boca
Que olvidé la cuenta final de los días
/impiadosos

y me voy campante para mirar por debajo de mi sepultura
y me entrego a la piedad del cornudo


¿Será que he hecho tanto mal?
Aparte de reír como un escolapio
Cada vez que veo un globo
O cada vez que se tiende al sol mi reflejo
/de espantapájaros


me enredé bajo las faldas de unas cuantas meretrices
más de una vez mi postura causó risa

Moriré un lunes por la mañana
Con las venas deformadas de poesía
Con una protuberancia en la espalda;
Joroba de palabras espejo,
Palabras que jamás fueron bellas

/ o muy lindas

/¿Y para qué?


Moriré con el corazón, como sima sobre el escusado
Con la memoria dividida
Entre un sueño utópico con una mujer sencilla(perro y casa incluidos)
o con casa y perros excluidos, en un sueño real
con una mujer siniestra