domingo, 25 de noviembre de 2007
Misogenio
Atadas de un solo orgasmo
Con una gran hebra de sangre,
Manejan la espada del placer.
Y soy un poco y soy otro poco,
Pero más soy un hijo de perra
Que en la orilla de los parques
Ebrio por el sol de los lunes
Les extirpo las ganas/.
Y no es tanto aquello
Comparado con lo otro;
Con el que te arranquen el fuego
Que mantiene con vida
Eso que no se ve/ .
Etc.
Las veo venir a todas
Con sus caderas haciendo un óvalo
Gimiéndote al oído
Con los pulmones quebrados
Por los días atropellados en la calle,
Porque hay más colores en un semáforo
Que en el rojo de tu sangre
Y de otras cosas.
En un circunloquio
infinito
te frotan contra sus vulva,
toman tu mano
y que les gatilles el alma
y que les metas vida,
y no hay en este país
tanto hijo de puta ,
como tampoco hay
un solo hijo de puto,
porque a fin de cuentas somos todos
en parte asesinos,
en parte hijos de alguien/
y es el día
y es la forma de su cadena
lo que hace que elijas
o lo que elige por ti.
(Y no es la carne ,
en serio te digo, no es la carne,
quizá la nube que nos ponen en cada ojo
quizá sea la nube
sí, quizá/
quizá sea eso).
Las veo siempre derramar el mismo vino,
llorar a litros desde un balcón de cuentos
afirmadas en su propio desconsuelo,
se limpian parte de la herida
que les fue donada aun antes de nacer,
y es allí cuando entramos todos-
moviendo la cola y babeando como imbéciles,
los- Perros Románticos-, como decía Bolaño,
a naufragar y oler desde abajo
cada exhalada que nos lanzan de allá arriba,
y no se puede,
juro que no se puede,
Tomar la espada y molerte los ojos de un puro tajo
no se puede , porque cuando las ves pasar,
en el movimiento aquel que hace de lo cotidiano
una escena con atmósfera propia
en su galope de sirenas licenciosas,
precipitándose a todo viento por las cosas
moldeándote el sueño de lamerle los pasos,
los quejidos,
y lograr al fin
encenderles el alma
con el fuego de tu cigarrillo...
oh, no vale acabar, y no vale abrumarse
pues sólo se abruma
quién no tiene el tacto.
Con cada adiós que nace
Somos más quienes
Sin un arma que parezca ovario
Buscamos el rincón de las cosas
Y nos sentamos a parir humo
Y uno que otro recuerdo.
miércoles, 21 de noviembre de 2007
Armas y mujeres (estracto)
Ayer, sentados en el metro,
Conversando trivialidades,
Se me escapó una bala
Desde el fondo del estomago,
a las sienes de mi novia.
El estruendo fue terrible,
Creo haber cerrado los ojos,
-No recuerdo muy bien-
y al abrirlos vi cómo el metro
se estrellaba en mi cabeza,
mientras al otro lado se acomodaba
ella
impávida por el disparo,
con la mano extendida y su cara mojada.
No hay devolución ni de armas ni de mujeres,
Me dijo esta tarde otro vendedor;
Cuando se te escapa un tiro
El dolor del sonido es irreversible
Y tendrás que acostumbrarte al chirrido
Rebotando en tus parietales,
pues aquello es lo único que de veras podría decir,
-es para siempre-.
Montado en una. (estracto)
ni siquiera el humo en el fondo del pecho depende.
Cuando las ves pasar,
a todas/
Ellas;
las mujeres
en un solo cuerpo
Corriendo en ascenso por una escalera
Atardecida
Que no admite vuelta,
Llegando por fin a una cumbre ilusoria,
Con el maquillaje derritiéndoseles por cada poro
Por cada año/
Y no vale amar hasta el fondo,
Ni siquiera odiar hasta el aullido sirve
Cuando pisas y clavas tu propia bandera
En el corazón de otros
Haciendo trampa,
No vale./
/La botella envuelta en cerveza espera por ti
Para llevarte de un brazo
A nadar por debajo
De tu propia tierra/
No hay cuerpo que aguante
El látigo de las tardes en Santiago,
Con tu grito que nace desde abajo,
Removiendo el cemento,
Con sus flores de artificio,
Y la tempestad se hace poca
mientras todos caminan,
Con un reloj de bolsillo incrustado en sus frentes,
Acabando con aquella música propia
Que les fue donada al nacer/
Todo se pierde,
Cuando te montas día a día
Sobre aquel caballo metálico
Que transpira gente
Llorando hacia adentro
Buscando un asiento para doblar las rodillas.
Lo Primero
Ventilando la vista al fin
Con las piernas abiertas
En una ventana ovalada,
Saltando del parto a la mesa/
/Lo primero es el aullido
partiendo los espejos
Acelerando el pecho,
En una ventolera de susurros,
/Lo primero es el vértigo,
Montado en una cama,
Con el soplido extrauterino
Formándote el rostro,
/Lo primero es el cráneo,
luego el tronco
y la cadena de carne,
/Lo primero es el grito,
Lo primero es la lluvia y el llanto;
El resplandor de la primera visión,
Y el olvido/
/Lo primero es la sonrisa de alguien.
Lo primero son las gotas de algo
Cayendo del techo
Empapándote la frente,
/Lo primero es el cráneo,
Luego el tronco
Y luego el estallido de mariposas,
/Lo primero es felicidad,
Netamente eso/(...)
Luego del quejido,
Son las contracciones del mundo,
Son esas bocas de animal comiéndote el alma,
Esas bocas formando un –No- de un solo estruendo
Mutilándote hasta el sueño,
[Y ya nada es -lo primero-]
martes, 20 de noviembre de 2007
Dime tú
Cariño del otro pasaje,
en qué parte de tu sonrisa escondes mis restos/
¿Será acá – sorprendente el poema tantas veces escrito con el mismo
lápiz?
Casas de años
Pizcas de arrugas
Pizcas de otra;
Otra con la que me viste pasar cuando cerrabas los ojos,
Pretendiendo también cerrar los míos,
Y yo lecho la culpa al lacho
Joven de letra infame y mal tejida
Sover –
vio en ti la escena aplastada –
Ahogada/
Y te vio colgada en el norte de su vida
Con la cuer –
Dabas y escupías
afirmabas la portentosa y celeste espalda de tu cue –
Yo que tantas veces te leí y pronuncié ese vocablo tipi –
como cuando por la calle del 14 vimos esa micro subir triste por debajo de mi ca –
¿sabes?,
El tipo que dormía contigo no hace mas que morir
todas las veces que te estrellas triste,
ciega a ese conde –
nado por el aire
Y por el agua del recuerdo
Y los ahoras
Y los después
Y tu cara de cerca,
tan cerca que no te distingo.
Mas sin y con embargo estas ahí,
esperando mi frívolo mensaje tapado a mas no poderde palabras indis –
puestas una frente a otra
sin medición, copia de copias, y la letra
y la idea:
¿No es lo mismo acaso el amor del pobre por su muchacha pobre,
que el amor de la muchacha rica por su muchachín –
chín?
(no, no es lo mismo)
El retrato
Mis retratos después de los tuyos,
oh hija mía,
Poesía ,
poeta, mujer,
madre,
amante,
violadora y asesina mía
no te se-pa-re-ce tu voz ni al triste
y monocorde canto del cura,
Ni al maullido del gato que ronda esa calle vacía
Esperando a su Amo-rr y estrella,
ahogo de envida de otras,
de otros y de ti misma,
en el suspiro que es la vida,
eres para mi uni–verso,
con tu día a día,
con tu hora ahora con tu elegancia diva-viva
de las calles que dan a mis ojos hechos
y perforados por el acontecimiento de tu encuentro/
¡/dame el instante de tu trascendencia/!
domingo, 18 de noviembre de 2007
Estracto del flujo en LA#
Montada en un piano
Que sangró hasta la última nota,
Con la herida insondable de la armonía
Fue una máquina
De parir
Música/
Y afuera morían
De a tres los pájaros
Y nacían otros cientos/
Era una iglesia forrada en madera,
Era el paso de las horas
Bailando en un salón de aire
Era dios, de rodillas
Besando cada piedra.
Afirmado de una cuerda
Arriba, en un tercer piso,
Hacia al sur, siempre hacia al sur,
Las notas atravesaban el aire,
Como cuchillos infatigables,
Que a la hora de la muerte
Daban más vida al suicida.
Y adentro
Cerca de la pupila,
en el brillo perdido del mundo,
puesto en escena
el piano de cola
con su piel caucásica
Sangrando por ti
De nota en nota
Estarán entonces
los restos de alguna iglesia
Con la cruz deformada,
Con una última gota de sol
Colándose por entre las murallas
Y serás tú el pianista,
Que sentado sobre el rayo
Darás al orbe el acto
De tu último suspiro.
Carta del suicida
a veces negra
La empapo con cerveza
-Cada vez que abro la boca-
hay una parte del mundo que llega
a la garganta más herida/
Siempre los helicópteros cayendo por la avenida
Siempre la lluvia
Que rompe las calles
Cuando la sajadura estalla,
En los brazos de una sola ciudad
Que grita y no se cansa/
Siempre los amantes,
/En un enrome adiós que hace de las cosas
una concatenación perpetua/
Siempre los aeroplanos
/Con gente dispuesta a volar, aun con los bolsillos mojados/
Mordiéndose unos a otros los labios
En un adiós hinchado
Que los sigue desde el parto
Bajo una lluvia animal
Que rompe las calles./
Siempre los poetas, con un lápiz apuntando
Hacia el océano,
Con los ojos volteados en el tiempo.
No hay arma, no hay alma,
Y no hay ahogo que valga/
Cuando abro la boca
Y cuando abro los huesos.
No hay aullido que valga
De la matriz del universo son paridos
Los astros/
En el hocico de dios nacemos de un solo escupo
Y no hay luz suficiente que apague
Esa brisa de lo cotidiano
En un disfraz de mariposa
Aplacando el estruendo
Del gatillo
Mientras el sol se desintegra los 25 de cada mes
/Llegará el día
En que me trague al universo entero/
miércoles, 7 de noviembre de 2007
Casa de Alamos
Hay una bala que duerme en mi pecho
Inconada hasta las raíces
No para de sangrarme,
Ya sea por la tarde, ya por la mañana
Me oprime y revienta parte del alma
/Y no hay viento ni calma que aplaque el grito/.
En los espejos veo cuerpos pálidos
Con los ojos gritando algo,
Y no entiendo cuando
En cada brazo, y en cada extremo
Se abren los parietales y salen mujeres
Corriendo desnudas
Con la inicial de mi nombre
tajeando parte de su belleza/.
No hay perdón para los ojos
Que pudiendo ver el choque
Prefieren la mudez circundante de las cosas,
No hay perdón
Porque por cada palabra
Hay una cicatriz que respira;
Hay un día que comienza a preparar la cuerda
Y el fusil/
No hay perdón
Porque yo no me perdono
Porque el instante espera cuchillo en mano
Con otra bala para adornar mi cabeza/.
No hay dolor mas fustigante
Que el que uno mismo provoca al aire
Ni aullido más triste
Que el que se hace sin luna y sin garganta
Con una bala en el pecho
Empollando tu corazón, con los ojos cerrados,
Soñando con tu muerte/
Es tarde ya para saltar,
(Con el arañazo de cada pie podría llenar de lágrimas
Lo que falta de estrellas en el piélago de allá arriba)/
Es tarde ya para abrir la boca y soplarle a la cara
Al incendio de esta música espesa y desastrosa
Que apunta con todas sus notas
A la casa que amo.