
Hace bien, antes de al acto,
caminar un poco,
Dar una vuelta por ahí
Visitar a la muerte en lo malls
para luego pensar boca arriba,
Con los brazos amarrados al pecho,
En eso/
Antes de empezar, es bueno tragar de todo el aire un poco
Y si hay dinero, por qué no,
Improvisar un desfile de nubes
Preparar el oído para los acordes del cierre,
El acorde de esas bragas descendiendo de apoco
Etcétera, etc./
Me gusta lamerte el alma
Y chupar de cada suspiro tuyo
Arrancarte unos cuantos gritos
Para luego de la conflagración,
Contemplar de eso que pocos saben que es arte,
Tendido y desvanecido en el campo de batalla
Con toda su inocencia/
Me gusta ver como se te acaba de apoco el oxígeno,
Con esa fuerza de cristal que te caracteriza,
Ardiendo por otra cerveza.
Y afuera
Y adentro
La creación misma
Sin un Dios que lo ordene todo/.
Nada mejor que aquello
Adornado con la forma de un motel de mala muerte
Con cientos de orgasmos evaporándose tras las paredes
Y mujeres de todo tipo
Haciendo sobre unas sábanas fúnebres y sucias
El mejor baile de sus vidas
Ni el oro mismo en su totalidad
Ni la cama que se arma hasta los dientes
Ni la mujer que nos cobra la entrada,
Se compara al trueno de aquella última voz
De la habitación trecientos y algo,
Pidiendo todavía
Que no apriete el gatillo/
Desunirnos de aquella segunda piel
Con la que nos cubren apenas damos el aullido,
Por una vez ser reales
Y hablar en aquella lengua
Única y melliza al mismo tiempo.
Me gusta dormir con Dios hecho animal
cerca de mí
y que al fin la tibieza de su piel
le gane a la capa mortuoria
que me persigue desde que salí
parido por el mundo
a buscar un segundo gemido
escondido más allá de tu garganta.