Un día me encontré, entre tanta mojigata sin espinas,
Una atestada de púas/.
No recuerdo muy bien como fue;
Si al salir del metro, entrando a la calle,
o comprando alguna revista en esos quiscos fúnebres que se expanden a forma de plaga por aquí/
Recuerdo aquella primera impresión;
Cuando apoyado en una muralla inmunda
La vi pasar con una especie de bolso colgando de su hombro,
Caminaba sin prisa, desfilando a modo de arcángel,
Su pelo tendía del aire, se abrazaba cuidadosamente a él,
Se esparcía por el espacio contaminado de todo,
pareciendo no ensuciarse/
El día se hacía tarde, y comenzaba a hacer un poco de frío.
Los siguiente fue el humo colándose por la comisura de sus labios
Suspendiéndose ante mí con un toque de elegancia
Que se alejaba del todo
a lo burgués/
Fumaba Belmont Light/
Al acercarme no pareció incomodarse,
Intercambiamos un par de palabras y caminamos en completo silencio varias cuadras.
Era tarde
y era un viernes de fin de mes,
La noche cubría su boca con una tela de alcohol/
Parecía que todos transitaban borrachos
Yo lo estaba más nunca.
Decidí que todo cuanto había escrito debía ser desechado,
Era todo una mentira,
Todo poema lo es, al menos para mí, todo es una vil falacia,
Un pretexto para algo,
Ella no/
O quizá sí.
Las espinas han sido arrancadas del mundo
/Ella era más espina que flor/
La belleza, pensé, está en no ocultar el agujón,
La belleza como tal ha sido profundamente quebrada, transgredida,
/Ha sido ocupada por un millar de seres con más estuco que sangre/
Y pensé en ser cortado por ella,
Atravesar de partida la cubierta de carne que adorna mis dedos
con cada fragmento de ese capullo andante
Quise eso
Y otras cosas/
Un tipo que usaba una gorra se acercó a pedir algo/
Si preguntaba la hora, o pedía dinero, o intentaba algún asalto
A esas alturas
Ya daba lo mismo/
“Son las una y algo de la madrugada”
Hace cuatro horas que traigo el corazón perforado
Está goteando al fin
Algo más que sangre.